La llegada de la pandemia del covid-19 sacudió las rutinas diarias y trajo consigo incertidumbre, con consecuencias desastrosas para el sueño de las personas. Estudios han demostrado que gran parte de la población mundial sufrió en mayor o menor medida algún desvelo debido al confinamiento y al estrés por la nueva enfermedad.

El especialista en Medicina del Sueño del Hospital de Clínicas Juan Facundo Nogueira, expresó que un porcentaje de la población mundial sufre en algún momento de su vida de insomnio. Y en esta época de pandemia hay algunos estudios que informan o que probablemente el 50% de la población padezca trastornos del sueño durante la cuarentena.

Con pandemia o no, es difícil convivir con insomnio. Los problemas constantes para conciliar el sueño o el sueño de mala calidad pueden provocar impactos a largo plazo en la salud, como obesidad, ansiedad, depresión, enfermedades cardiovasculares y diabetes.

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La insuficiencia del sueño, que muchas autoridades sanitarias consideran como menos de siete horas por noche, también afecta el trabajo. Diferentes estudios han demostrado que aumenta las probabilidades de cometer errores, incide en la concentración y aumenta los tiempos de reacción, como así también, en el estado de ánimo. Pero, ¿podría haber una conexión entre el insomnio y la dieta?

La mayor parte de lo que se ha dicho sobre “coronasomnia” ha sido sobre temas emocionales como el estrés y la ansiedad. Pero se sabe desde hace un tiempo que nuestra dieta también puede afectar nuestros patrones de sueño (y viceversa). 

Marie-Pierre Saint-Onge es profesora asociada de medicina nutricional en el Departamento de Medicina y el Instituto de Nutrición Humana del Centro Médico de la Universidad de Columbia en Nueva York. “La pandemia ha tenido efectos mixtos sobre la dieta y la actividad física”, advierte.

“Sí, ha habido algunas mejoras, más comida casera y un aumento de productos frescos, por ejemplo. Pero también ha habido cambios negativos. Las alteraciones en los patrones de alimentación y la alimentación por estrés podrían estar contribuyendo a la falta de sueño, al igual que un deterioro en los hábitos de vida y un aumento en la comida reconfortante y el alcohol “, aseguró la experta.