La eterna beligerancia entre sobrevivir y seguir adelante.

(Universal, 2020 / Escrita y dirigida por: Sam Mendes. Basada en hechos reales.)

Por: Sydney Pagliari.

La belleza, así como el diablo, está en los detalles.

Antes de continuar, he aquí un ejercicio: Imagina estar solo/a, sumergido en la oscuridad. No hay ningún sonido excepto aquel que produce tu corazón, pero no es ese pálpito conocido y calmado, sino ese que surge cuando estas desesperado/a, víctima de la ansiedad, la asfixia, presa del dolor o la pena.

Ese sonido que casi duele, que casi puedes ver y darle nombre. Ningún olor, excepto el de tu aliento y el amargo de la creciente amenaza de una muerte inminente. Ningún sabor excepto ese insípido gusto a óxido que acarrea el aire, pestilencia de cadáveres y charcos pútridos de sangre cerca de ti.

¿Lo tienes? Bueno, mantén esa sensación, porque eso es “1917”.

Dicen que la vida es un camino, y ciertamente la nueva película del director de “007: Skyfall” y la brutal “American Beauty” nos lo muestra de manera detalladamente poética sin dejar de lado lo prosaico y beligerante de la vida misma.

¿Que te pareció “Joker” (2019)? Lee aquí la review

Mas allá de lo técnico y de los logros narrativos que están insertos en la realización de 1917, filmada como una aparente “toma continua” (lo que llamamos un Plano Secuencia) es la historia, sus personajes, y el conflicto, -que es el verdadero antagonista- lo que la hace memorable y muy superior a sus contrapartes contendientes en la temporada de premios de este 2020.

Hay algo hermoso en usar metáforas, personalmente hablando, creo que son uno de los mejores elementos que alientan a una historia a continuar al menos en el plano metadiegético (todo lo que no vemos, pero está ahí). “1917” es eso, un típico quizá “viaje del héroe” que comienza con una misión, esa que nuestros héroes siempre rechazan o reniegan en cumplir, pero que las vicisitudes del entorno y del mundo en el que viven, le obligan a aceptar y llevar a cabo hasta el final.

Schofield brincando justo cuando un francotirador le tiene en la mira. Aquí, un corte oculto.

Todo lo que ocurre antes del final de nuestras vidas, es un camino o parte de él. Un pasillo, uno que es interminablemente largo, tedioso, oscuro y lleno de obstáculos, que para mi es inevitable comparar al de un videojuego común y corriente: eliges un personaje, con ciertas habilidades a gusto, aceptas una misión, y comienza el nivel. Entonces corres, trepas, disparas, te hieren, te curas, matas, rescatas y salvas el mundo un paso a la vez. Viendo este film, me sentí así, pero no en el aspecto banal, sino en lo narrativo del asunto, en la forma y el fondo, en lo estético y accionario.

“1917” es un paseo de “A” a “B”, una recta paralela, que es a su vez una espiral, una curva, una elipse, un isóceles sobre un mundo construido en el medio de una proporción áurea, una parábola convexa que nos habla de lo inefable y frágil de la vida, de cómo en segundos todo se puede ir a la mismísima mierda eliminando toda esperanza, de cómo seguir adelante puede ser la diferencia entre la vida y la muerte y el como renunciar, el quedarse quieto, no es opción.

El cine no ha visto mucho sobre la primera guerra mundial, lamentable pues pocos conocen el verdadero trasfondo de ésta y de que llegó a ser aún más devastadora que la más famosa segunda guerra. No obstante, el director Sam Mendes, de la mano con el cinematógrafo ganador del Oscar por “Blade Runner 2049” (por favor, véanla ¿si?), Roger Deakins logran con identidad propia, trucos, sutileza, crudeza, y un enorme sentido del realismo sin caer en la exageración bélica de “Salvando al soldado Ryan” (1998) o la mas reciente pretensión visual-estétca de “Dunkirk” (2017), un retrato en primera persona que te sumerge en las aguas profundas del desespero, la acción inmediata, la oscuridad impenetrable y el vaivén de sensaciones que solo experimentarías en un campo de batalla.

Luz natural, cortes limpios y casi invisibles, personajes entrañables, un conflicto sencillo que no inventa el agua tibia, pero que funciona lo suficiente para mover la trama y desear con todo tu fuero interno que ambos soldados, Blake y Schofield lleguen hasta el final, salvando al hermano de Blake y a otros 1,600 hombres de una muerte segura. Todo, basado en un relato familiar del abuelo del director, contado de forma elegante y poderosa.

¿Lo lograrán, pasarán el nivel?

Puntos de giro sólidos y sorpresivos (elementos que cambian la dirección aparente en la que va la historia), muertes inesperadas, “sub misiones” que aportan al sensacionalismo emocional, son todos riesgos poderosos que “1917” toma con valentía al haber sido hecha de la forma en que está, paseándonos por parajes desolados desde “Tierra de Nadie” hasta las trincheras de Écoust-Saint-Mein en la Francia ocupada.

La guerra puede ser poesía, pueden ser rimas los disparos en el aire, pueden ser prosa los gritos de los hombres en el suelo atrincherados, pueden ser estrofas los cantos de aliento antes de la batalla… así como un cerezo puede florecer en medio de los despojos de la muerte.

¡Mira cuantos premios se ganó 1917 en los Oscars 2020 aquí!

Es una obra limpia, casi perfecta que merece atención y exposición. Una apuesta cinematográfica que hace una remembranza a otros directores como Hitchcock que en el pasado inventaron técnicas similares con films como “La Soga” (1948), y que arriesga todo por entregar una historia sólida y categóricamente pulcra en tiempos en donde el cine, en especial el hollywoodense, ya no sorprende ni un poco.

Para finalizar, un punto obligatoriamente negativo es que, en mi absurda psicorigidez me hallé tratando de encontrar desde que comienza la primera toma, los “cortes ocultos” con que en postproducción empalmaron las tomas entre escena y escena.

Eso me descolocó en un principio pero, es por mi culpa, la experiencia final es casi “flawless” pues dichos cortes no siempre son evidentes y son tan elegantes que eventualmente dejé de hacerlo y solo me preocupé porque el mensaje llegara a tiempo antes del ataque final.

Veredicto final: 9,5 soldados corriendo de 10.

-Fundido a negro.

THE END.